El sueño de Isabel
Una madre. Una hija. Un mismo amor por la moda, contado en dos voces.
Isabel siempre tuvo buen ojo para las telas. Antes de tener tienda propia, ya elegía la ropa de sus amigas, de sus primas, de las vecinas que le pedían opinión antes de salir de casa.
Un local pequeño, las paredes recién pintadas, la ilusión de quien empieza algo por primera vez. Isabel giró la llave aquel día de marzo de 2013 y desde entonces no ha dejado de girarla cada mañana.
Han pasado ya diez años. Miles de mujeres han cruzado esa puerta buscando algo que las hiciera sentir bien con lo que llevaban puesto. Isabel las recuerda a casi todas.
Sofía creció entre percheros. Hacía los deberes en el mostrador, aprendió a doblar una blusa antes que a atarse los cordones, y escuchaba a su madre hablar con las clientas como si cada una fuera la única persona en la tienda ese día.

